A tres días de un concierto en el Auditorio Nacional se presenta en la oficina un posible candidato (desde ahora “Sacarino”) para la cuerda de tenores en el Coro Talía. Pasa la prueba y le comunicamos que se incorporará a los ensayos después del concierto porque no ha ensayado nada, nunca ha cantado en un coro y además ni siquiera conoce la obra.
Llega el día del concierto. Nos colocamos todos los cantantes en nuestro respectivo asiento del Auditorio cuando en mitad del ensayo se oye a la Directora: “Sacarino ¿tú que haces ahí?... ¿no te dije que nos veíamos en el siguiente ensayo? Así que nuestro nuevo cantante se levantó, pidió disculpas y se marchó. A los 10 minutos alguien con mucho disimulo se acerca a mi sitio (sin saber que yo soy el marido de la Directora), me da un toquecito en el hombro y me pregunta: ¿Tú crees que la dire se dará cuenta si me siento aquí a tu lado? Ante lo que contesté: “Pero bueno, si quieres escuchar siéntate en el patio de butacas porque aquí no vas a oírlo bien”. Con una seguridad impropia de quien nunca ha cantado en el Auditorio me replicó: “Yo no quiero escuchar: quiero cantar para no meter la pata en el concierto de esta tarde”.
Perplejo ante esta declaración de intenciones, no tuve mas remedio que actuar. Haciendo señas a la directora le indiqué la presencia de nuestro amigo, esta vez en los asientos de los “bajos”. ¡El bufido se oyó hasta en la Sala de Cámara! Volvió a despedirse de nosotros ante la carcajada general del Coro.
Lo más curioso es que no sabemos si consiguió infiltrase en el Concierto porque le vimos merodeando por los camerinos instantes antes del comienzo.
No duró mucho en el Coro. En los primeros ensayos funcionó bien pero poco a poco iba imitando los gestos de la Directora, hecho que nos ponía muy nervioso a todos y sobretodo a ella. ¡Quién sabe si su próximo cometido era darle un empujón, subirse a la tarima y marcarse una 9ª o un Carmina Burana!
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viernes, 16 de enero de 2009
domingo, 4 de enero de 2009
!MALDITOS BICHITOS!
Verano de 2006. Como es habitual en los cursos de Sigüenza el Trío Hoquetus ofrece un concierto por la noche en la plaza de un pueblo cercano. Pese a lo frescas que son las noches en la zona, los mosquitos acuden atraídos por la luz de los focos. El año anterior fue un auténtico suplicio.
En esta ocasión contábamos con la colaboración de un joven percusionista del curso que se colocó detrás de nosotros con todos sus instrumentos listos para ser apaleados. Luna llena, un silencio sepulcral y la amplificación preparada para empezar el concierto. De pronto se oye por los grandes altavoces colocados por Jairo un estruendoso grito y una posterior exclamación: ¡Me cago en el hi…de pu… del bicho este!
Después de este grito se hizo un silencio aún mayor en la plaza y comenzaron unos tensos momentos.
Nuestro joven amigo parecía que acababa de estrenarse con los simpáticos bichitos molestos, pero nosotros decidimos no mirar atrás y comenzar el concierto con cierto desagrado por la exagerada reacción del muchacho. Cuando terminó el concierto nos dirigimos a él para reprenderle por su conducta.: Pero hombre ¿Cómo te has puesto por un simple bichito? A lo que contestó: ¡!¿un simple bichito?!! ¿Qué hubieras hecho tú si un murciélago kamikaze se hubiera empotrado en tu cabeza?
El veloz murciélago sobrevoló nuestras cabezas sin que nos diéramos cuenta y se dirigió sin piedad a enredarse en la cabeza del debutante. Poco quedó de él después de la paliza que le propinó el joven percusionista con las baquetas de la batería.
En esta ocasión contábamos con la colaboración de un joven percusionista del curso que se colocó detrás de nosotros con todos sus instrumentos listos para ser apaleados. Luna llena, un silencio sepulcral y la amplificación preparada para empezar el concierto. De pronto se oye por los grandes altavoces colocados por Jairo un estruendoso grito y una posterior exclamación: ¡Me cago en el hi…de pu… del bicho este!
Después de este grito se hizo un silencio aún mayor en la plaza y comenzaron unos tensos momentos.
Nuestro joven amigo parecía que acababa de estrenarse con los simpáticos bichitos molestos, pero nosotros decidimos no mirar atrás y comenzar el concierto con cierto desagrado por la exagerada reacción del muchacho. Cuando terminó el concierto nos dirigimos a él para reprenderle por su conducta.: Pero hombre ¿Cómo te has puesto por un simple bichito? A lo que contestó: ¡!¿un simple bichito?!! ¿Qué hubieras hecho tú si un murciélago kamikaze se hubiera empotrado en tu cabeza?
El veloz murciélago sobrevoló nuestras cabezas sin que nos diéramos cuenta y se dirigió sin piedad a enredarse en la cabeza del debutante. Poco quedó de él después de la paliza que le propinó el joven percusionista con las baquetas de la batería.
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